Sociedad de Autores y Compositores de México
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Nuestros socios y su obra


Alfredo Núñez de Borbón

Nació a las ocho de la noche del 8 de Agosto de 1908, en las calles de Zarco, colonia Guerrero, México, D.F.

Toda su vida giró alrededor del número ocho; según él, era el signo de su nacimiento. Hijo de familia acomodada y muy distinguida, su padre ocupó un alto nivel en Correos y Telégrafos. Tenía además gran gusto y facilidad para escribir poesía. Iba recopilando sus versos en manuscritos encuadernados con tapas de seda. Estos libros se conservan en su estudio. Su madre, Doña Ana María, de origen español, tuvo cuatro hijos: Ana María, Margarita, María Luisa y Alfredo, que era el menor y único varón.

Desde niño tuvo inclinación por la música. A la edad de siete años, el día de su santo pidió que le regalaran un violín, lo cual hicieron, pero también contrataron al maestro Rocabruna para que le diera clases.

Al poco tiempo demostró su dedicación, al grado de que lejos de cansarse, prefería ensayar y practicar, en lugar de salir a jugar. A la dad de 12 años compuso su primera canción, fue en una ocasión que lo llevaron del colegio a una excursión a Toluca; ahí, al contemplar el nevado de Toluca, quedó absorto, y ante esa maravilla nació su canción La Leyenda del Nevado.

A los 17años de edad se fue de gira a Atlanta, Estados Unidos, con la orquesta de Miguel Lerdo de Tejada, sin el consentimiento de su madre. Su padre había fallecido cuando él tenía ocho años. Al terminar la gira se quedó en Atlanta, y de allí se dirigió a Nueva York, con el propósito de continuar sus estudios musicales.

Trabajó para poder vivir y costear sus clases. Comenzó en cines tocando piano y órgano para acompañar la proyección de las películas, que en aquél tiempo eran mudas. Improvisaba cada vez algo diferente, sin ajustarse ni leer la partitura que le enviaban con cada cinta. El dueño del cine le decía "Qué bonita música trajeron ahora para las películas, ¿verdad?"

Se inscribió en el sindicato de músicos de la ciudad de Jersey, local 526; Continuó sus estudios, y para titularse de maestro tenía que dominar piano y violín, su especialización fue en este último. Su carrera iba en ascenso día con día; entró en el conjunto Ruso Gitano en Nueva York, después trabajó en un barco de matrícula alemana, que hacía el recorrido a Miami. De ahí pasó al Hotel Beverly Terrace, un lugar de ensueño a la orilla del mar. Sam Getz, conocido hombre de negocios lo contrató para actuar en el Club Mirador, de Nueva York, donde alternó con los bailarines Moss y Fontana y con la orquesta de Johny Johnson.


En Nueva York conoció a Lyna Boytler, esposa de Arcady Boytler, ambos rusos de nacimiento. Ella cantaba en la calle 46. Al escuchar a Alfredo y su conjunto los contrató para acompañarla, lo que hicieron durante mucho tiempo. Por motivo de negocios Arcady Boytler vino a México, y con él su esposa. Una vez aquí, le ofrecieron a Lyna una serie de programas en la XEW. Ella aceptó con la única condición de que trajeran a Alfredo de Nueva York para acompañarla, ya que él conocía perfectamente su repertorio. Así fue como regresó a México Alfredo Núnez de Borbón, en 1936. Contaba con 28 años de edad, y otra vez el ocho estaba presente en ese momento tan importante de su vida.

Integró una orquesta que tuvo mucho éxito y que fue una de las más solicitadas en México. Formó parte del elenco de la XEW, interviniendo en programas como La Hora Azul, Medias Kaiser, Mueblería Nueva, Joyería La Princesa y varios más.

Contemporáneo de Gonzalo Curiel y Agustín Lara, formaban un grupo privilegiado en una época llena de romanticismo. En un programa de radio acompañó con su violín a Agustín Lara, y en otro a Gabilondo Soler. Actuó en varios programas con su orquesta y su música; así como en los mejores centros nocturnos como Casanova, Ciros, Café de París, El Patio, etc.

Alfredo Núñez de Borbón compuso boleros, canciones tropicales, pasos dobles, canciones rancheras. Se le conocía como El Caballero Mexicano de la Canción Romántica.

Una anécdota narra que en una ocasión que se grababa un programa en el canal 4, se interpretaron varias de sus canciones. Siempreviva iba a ser cantada por Emilio Tuero, pero no pudo llegar. Para no perder la oportunidad, Alfredo la cantó en el programa. Más tarde, un amigo que escuchó la canción, pero sin haber visto la imagen le dijo: "Qué bonita canción, está preciosa, lástima que el que te la grabó tiene una voz horrorosa".

Otras composiciones de Alfredo Nuñez de Borbón que han quedado inscritas en el cancionero mexicano son: Consentida, Hay que olvidar, Inconsolable, Contéstame, Terciopelo, Linda, Mi pensamiento, Inútilmente, Pregunta, Tiempo aquel, Inquietud, por citar solo algunas.

Recibió muchos reconocimientos por su destacada labor; entre ellos, el Testimonio de la Sociedad de Autores y Compositores de Música (SACM), como Socio Fundador, en 1971. Asimismo, recibió preseas de la Promotora Hispanoamericana de Música (PHAM), y de la Editorial Mexicana de Música Internacional, 1971, en el Jubileo de Oro del Disco Mexicano, y en 1978, por sus canciones.

También fue recordado en el Álbum del Recuerdo, en XEW, en 1958. La Cadena Latinoamericana de Comentaristas, en 1965. El Club de Golf Acapulco, en 1968. La medalla del Festival Internacional Agustín Lara, como Socio Fundador de la SACM, en 1972, entre otros muchos.

Su mayor satisfacción fue que se formara el Club de Amigos de Alfredo Núñez de Borbón, más de 300 personas, que se reunían una vez al mes para festejarlo. Sus principales pasatiempos fueron jugar billar, nadar, viajar, ver cine, y sobre todo, su música y sus canciones.

Alfredo Núñez de Borbón falleció el 10 de Diciembre de 1979, pero su espíritu está en su obra, y en las canciones que dejó, que seguirán siendo interpretadas por muchas generaciones.

Repertorio de Alfredo Núñez de Borbón


Se autoriza la reproducción total o parcial de esta biografía, siempre y cuando se mencione a la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), como la fuente.